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S E X O L O G Í A

 

DROGAS


Actúan sobre el cerebro alterando el humor, los procesos de pensamiento o la conducta. Tienen la capacidad de modificar las funciones del organismo vivo que tienen que ver con el juicio, el comportamiento, la percepción o el estado de ánimo.

Un cambio en la conducta o en el estado de ánimo comporta un cambio en la química cerebral. A la inversa, una alteración interna, o inducida externamente de la química cerebral, supone una modificación conductual o anímica.

La administración de drogas altera la química cerebral

La administración de drogas es una forma importante de alteración de la química cerebral. Cuando las drogas llegan al cerebro alteran de maneras muy diversas el curso de las reacciones químicas cerebrales.

Todo no es biología, pero nada se produce sin biología. Un sentimiento no es reductible a un grupo de neuronas (las células del cerebro), pero no hay sentimiento si algunas de ellas no funcionan. En general, afectan a varias zonas del cerebro y sus efectos son una mezcla de alteraciones en el proceso de transmisión. La mayoría de las drogas afectan a muchas funciones cerebrales.

Efectos de tolerancia

El cuerpo humano se adapta a la presencia de una droga (tolera su presencia) desarrollando mecanismos cada vez mayores para destruirla y eliminarla. De esta manera, la cantidad inicialmente efectiva lo va siendo cada vez menos. A la vez, las neuronas también se adaptan y resultan cada vez menos sensibles a la presencia de esa sustancia, que está alterando o imitando los procesos de transmisión cerebral.

Se adaptan continuamente en un intento de devolver al cerebro a su situación de normalidad.

Efectos de dependencia

Así se crea una situación que se llama dependencia física. El organismo depende, para funcionar, de la presencia de la sustancia.

La cadena de transformación de las sustancias (metabolismo) ha incorporado en alguno de sus eslabones elementos de la droga que se ingiere. El cerebro ha instaurado ya mecanismos de compensación que provocan problemas si la droga no está presente.

Si la droga es fumada, pasa directamente a la sangre en los pulmones y alcanza en pocos segundos el cerebro.

El cerebro está bañado por el líquido cefalorraquídeo que restringe el paso de las sustancias químicas. Constituye una barrera gracias a la cual no todas las moléculas de las drogas afectarán al cerebro, o no todas las partes del cerebro se verán afectadas por su acción, o las dosis habrán de ser extremadamente altas.

Los “porros”, son distorsionadores o creadores de nuevas realidades psíquicas.

Trastornos psiquiátricos

Si su abuso se mantiene, aparecerán trastornos psiquiátricos importantes, como paranoias, que llegarán incluso a la psicosis, a la despersonalización y a la pérdida de contacto con la realidad. Un conjunto de dificultades que, aún con tratamiento terapéutico y con terapia, tardarán tiempo en desaparecer.

La potencia de su acción psíquica puede hacer aflorar, con abuso o sin él, enfermedades mentales preexistentes en la persona (aparición de trastornos mentales graves ocultos, estabilizados, que las sustancias acaban movilizando).

En el caso de la cocaína, la posibilidad de que su uso genere trastornos psíquicos graves como, por ejemplo, episodios de psicosis paranoide, parece ser producto de la relación entre dosis y nivel de intoxicación.

Pasar de la euforia al malestar (depresión, insomnio, dificultad de concentración, etc.) y de esto a la psicosis, está en relación con cuánto se toma y cuánto tiempo se lleva consumiendo sistemáticamente. A la situación del problema psíquico puede llegar un consumidor reciente que toma una dosis excesiva, lo mismo que un consumidor crónico de pequeñas dosis.

Educar a los adolescentes

Es fundamental educar a los adolescentes, enseñándoles a resistir las posibles presiones que puedan recibir por parte de algunos amigos para comportarse de una forma determinada. Hemos de asegurar que las experiencias no serán definitivamente destructoras y que hay que madurar a partir de ellas. Hacer prevención es descubrir qué les atrae, capacitarlos para escoger y decidir, ayudarlos a aprender de sus experiencias.

Recuperarse no es curarse de una enfermedad

No hay una receta para la recuperación de adictos a las drogas, pero hay una pauta común: llegar a una situación límite que le hace sentir la necesidad de cambiar de vida. Esta situación puede ser el temor de ir a la cárcel, una enfermedad, etc.

Una vez descubierto que el día tiene 24 horas y que ya no gira en torno al consumo de drogas, comienza ese período indefinido en el que se va construyendo una manera propia de actuar, de vivir, de ser.

Los sistemas de apoyo y ayuda

Terapia individual, de grupo, de familia, de apoyo, etc.

Otros: programas de ocupación del tiempo, de capacitación de la persona y de reconstrucción de sus relaciones sociales.

Cuando se ha frenado la necesidad imperiosa y “descontrolada” de utilizar una droga, comienza el verdadero trabajo: llenar de contenido y motivación el tiempo de cada día. Los expertos dicen que “matan neuronas”. Es decir, su abuso, por tomar demasiadas, o tomarlas a menudo, puede dejarnos afectados, alterar nuestra manera de ser y nuestras capacidades.

No es imprescindible tomar algo para pasarlo bien.

Un buen argumento para no tomar drogas (mejor que el de “no me gustan”) será:

“A pesar de que me gustan, prefiero otra historia; en mi vida no me limito a lo que me gusta”.

Canabinoides (Marihuana, Hachís): Producen el “síndrome amotivacional”: en el individuo se produce una especie de adormecimiento emocional, pérdida de impulso, carencia de expectativas y de metas, etc.

La cocaína: produce dependencia emocional

Las anfetaminas: Son un peligroso estimulante del SNC, que aumenta la actividad motora hasta producir cuadros de temblor y agitación. El sueño es afectado por su uso: disminución del mismo y/o incapacidad para dormirse.

El consumo prolongado puede desencadenar la aparición de alteraciones psicopatológicas de tipo psicótico que se prolongan en síndromes depresivos y que, en ocasiones, resultan muy difíciles de diferenciar de la esquizofrenia (psicosis anfetamínica).

Modelos de consumidores

-Falta de habilidad para resistir la presión social.

-Deseo de aprobación de los compañeros consumidores.

-Incapacidad para generar alternativas de ocio ante el planteamiento del consumo.

-Curiosidad y búsqueda de riesgo.

-Escasa disponibilidad de refuerzos en el medio.


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