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S E X O L O G Í A

 

D E P R E S I Ó N

La depresión es una condición emocional que se caracteriza por alteraciones de humor, tristeza, disminución de la autoestima, inhibición, fragilidad, fatiga, insomio, pensamientos negativos y que tiene como consecuencia la disminución de la actividad vital. Cuando estos signos se manifiestan durante un mínimo de dos semanas, de forma ininterrumpida, es cuando realmente se considera depresión.

La depresión puede ser debida a causas exógenas o endógenas. Las causas endógenas son de tipo orgánico y proceden de un problema interno del sujeto, como una afección física, la herencia genética o los efectos de ciertos medicamentos. La depresión exógena se desencadena por factores externos o del entorno, es decir una distorsión entre el sujeto y el mundo exterior; el desencadenante puede ser la pérdida de un ser querido o del puesto de trabajo, los problemas para relacionarse con los demás, la marginación social, la soledad, etc.

Hay un factor importante, que es el grado de satisfacción-insatisfacción de la persona, tanto en su vida personal como familiar, profesional y social. Una persona con una balance positivo, en función de la satisfacción en su vida, es alguien que se siente bien emocionalmente, que tiene un nivel adecuado de autoestima y competencia y que tiene un nivel razonable de actividad. Por el contrario, una predominancia de insatisfacción puede llevar a una reducción de la actividad, a una baja autoestima y a cambios emocionales y fisiológicos negativos.

Los síntomas de la depresión son:
Tristeza en el estado de ánimo, disminución del interés por el placer, pérdida de peso y cambios en el apetito, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotor, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o de culpa, dificultad para concentrarse y tomar decisiones y, a veces, pensamientos recurrentes de muerte.

Factores que influyen en el mantenimiento de la depresión. Entre estos factores está la desesperanza, que es el factor fundamental de riesgo, incluso como agente causal.

Las personas con tendencia a la depresión poseen una visión negativa de si mismos, en su relación con el mundo y con el futuro. Se basan en experiencias pasadas, guardadas en la memoria, y que influyen en la forma de percibir la información actual.

Los pacientes depresivos son personas que atienden más a la información negativa, a las evaluaciones negativas, y son menos conscientes de las consecuencias positivas.

¿Cómo hemos de actuar ante una persona deprimida? La comprensión y el apoyo de quienes rodean al enfermo son imprescindibles. La persona depresiva necesita afecto sincero.

La depresión no es una situación de desánimo pasajero y el enfermo no tiene capacidad para superarla por medio de su propio esfuerzo, distrayéndose o saliendo con los amigos, porque no tiene ganas de hacer nada. Hemos de tener paciencia y pensar que la persona afectada no trata de disgustarnos, o de hacernos la vida imposible.

Objetivo terapéutico: Es el de recuperar las actividades habituales y la forma de resolver los problemas de una forma activa y adaptativa.
Es preciso aumentar la actividad y mejorar el estado de ánimo de la persona enferma, modificando los aspectos cognitivos, como pensamientos, expectativas, atribuciones, esquemas…

En general, es importante cuidar la mente, es decir, procurar tener pensamientos positivos y, también, cuidar el cuerpo, teniendo en cuenta todo aquello que resulta benéfico para la salud física.

Asimismo, es básico tratar de aceptarse a uno mismo, ya que una de las características de la depresión es la pérdida de la autoestima. Por ello, la persona deprimida ha de dejar de establecer comparaciones con otras personas. La vida es lo más importante que tenemos y hay que pensar: ¡estoy vivo, soy un ser humano y soy único! ¡siempre voy a ser un ser humano único!

Es importante expresar las propias emociones; hay que hacer descargas emocionales. Y ser generoso con los demás; la sensación de "servir para algo" es, en sí misma, un tratamiento antidepresivo.

Es preciso atender a las propias necesidades, porque "no abandonarse" es un modo de responsabilizarse.

Hacer ejercicio físico, solamente 20 minutos de ejercicio, modifica la actividad cerebral y ayuda a salir de la depresión. Los pacientes que tienen una actitud activa frente a los problemas en general, y frente a la depresión en particular, se beneficiarán más del tratamiento psicológico, mientras que quienes mantienen una actitud pasiva necesitarán, más bien, un tratamiento farmacológico.

 

 

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