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S E X O L O G Í A

 

A D O L E S C E N T E S

La adolescencia se suele caracterizar, de modo general, como el período de transición entre la niñez y la edad adulta. El intervalo temporal que cubre la adolescencia suele fijarse entre los 11-12 años y los 18-20 años. En ese momento, se producen cambios interrelacionados en el ámbito de lo biológico, lo social y lo psicológico.

El adolescente sabe que avanza hacia un "status" de adulto, pero el camino hacia la meta no está trazado de antemano y él busca construir su propia personalidad, lo cual tiene sus ventajas, pero también produce cierta inseguridad y vulnerabilidad durante este período.

Los padres han de ser comprensivos en esta etapa, adaptando su relación a los cambios que ocurren en sus hijos adolescentes, ya que no todos los viven de la misma manera. Es posible que surjan frecuentes enfrentamientos y rechazos.

Es fundamental fomentar el diálogo desde niños y hablar de los temas con naturalidad, lo que producirá un mayor acercamiento. Algunos estudios han demostrado que los padres "democráticos", que alientan la discusión con sus hijos, son considerados por éstos como modelos de conducta adecuados en un porcentaje mayor que los padres "permisivos" o "autoritarios".

Las relaciones sociales prototípicas de este período son las del grupo de amigos. El niño tiene como horizonte especial privilegiado la familia, pero en el adolescente la situación se modifica y su vida social pasa a centrarse en sus amigos y en su pandilla. Esta relación con sus iguales, cumple una función importante de apoyo psicológico, ya que es, en numerosas ocasiones, su refugio frente a los conflictos familiares y sociales.

La dependencia del grupo suele ser tan grande entre adolescentes y jóvenes, que contrasta con su autoconciencia de libertad, siendo frecuente que hagan cosas en contra de su voluntad, para no quedarse fuera del grupo, ser diferente, o ser objeto de burla por parte de los amigos. Por ello, es importante orientar a los adolescentes en el sentido de que no hagan nunca algo de lo que más tarde puedan arrepentirse por el mero hecho de seguir al grupo.

La adolescencia se considera un período psicológico desequilibrado al caracterizarse por ser una transición poblada de tempestades y tensiones de inestabilidad psiquíca. Las causas de estos trastornos se hallan en los cambios fisiológicos que supone la pubertad y, fundamentalmente, en el brote de los impulsos sexuales. La fuerza de las pulsiones que surgen con la pubertad produce, pues, una vulnerabilidad acentuada de la personalidad. Hemos de prestarles más atención.

El 50% de la llamadas que reciben en "Anar" (asociación de ayuda para niños y adolescentes) se quejan de la falta de comunicación y de la dificultad que tienen para relacionarse con sus padres. La soledad que sienten estos chicos no tiene que ver con la compañía; "sus padres les atienden, pero ellos no se sienten escuchados"; para ellos, los adultos no valoramos de la misma forma sus problemas.

Los adolescentes argumentan que no tienen confianza para hablar con libertad y cuando ellos manifiestan alguna preocupación, los padres suelen contestar, "que son cosas de la edad".

Debemos ser accesibles, estar cerca de nuestros hijos para cuando quieran hablar y que no se sientan solos, dejándoles manifestar abiertamente sus sentimientos. Nuestra actitud hacia ellos ha de ser siempre de comprensión y hemos de orientarles como padres que somos, pero, al mismo tiempo, haciéndoles ver que son responsables de sus actos: tenemos que empezar a delegar responsabilidades, aunque nos cueste.

 

Aurora del Prado - Cita Previa 91 519 19 63