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S E X O L O G Í A

 

A B U S O

S EX U A L


A pesar de la alarmante realidad del abuso sexual infantil, hasta el momento existen grandes dificultades para dar una definición clara. Unas definiciones entienden que se produce abuso sexual cuando el abusador es, al menos, 5 años mayor que la víctima y ésta tiene menos de 12 años. Otras, sin embargo, no tienen en cuenta la edad, ya que ello puede servir para emmascarar, en algunos casos, los abusos sexuales entre menores.

Desde esta perspectiva, se hace más hincapié en la relación de desigualdad que hay entre una persona que se supone tiene mayores habilidades para manipular a otra que no las posee al mismo nivel.

El niño, por desgracia, puede ser víctima de agresiones sexuales por parte de mayores, pero también por parte de menores; de hecho, el 20% del abuso sexual de menores está provocado por otros menores.

La mera relación sexual entre un niño y un adulto es siempre, de por sí, inapropiada. Entre las estrategias del abusador están la coacción (mediante fuerza física, presión o engaño) y la sorpresa, además de la asimetría de edad.

No obstante, existe un gran número de casos en los que este tipo de conducta no se produce a través de la imposición o el engaño descarado, sino que se llega a un pacto secreto con una forma de presión más sutil (juguetes, regalos, viajes), es decir con el abuso de confianza.

Por tanto, para que haya abuso sexual infantil debe darse una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a edad, madurez o poder, entre el abusado y el abusador, así como la utilización del menor como mero objeto sexual.

El abuso sexual infantil puede ser cometido por familiares (padres, hermanos mayores, etc.), donde tenemos el incesto propiamente dicho, o puede ser cometido por personas relacionadas con la víctima (profesores, entrenadores, monitores, etc.). En estas situaciones, que son las más frecuentes y duraderas, no suelen darse conductas violentas asociadas. En otros casos, los agresores son desconocidos y entonces el abuso se limita a ocasiones aisladas, pero está ligado a conductas violentas o amenazas, al menos en un 10-15% de los casos.

Es difícil determinar la tasa de prevalencia exacta de este problema, porque no se denuncia sistemáticamente todos los abusos acaecidos.
Las víctimas de abuso sexual suelen ser más frecuentemente mujeres (58,9%) que hombres (40,1%), en una franja de edad entre los 6 y 12 años.

En cuanto al incesto, que hace referencia a los contactos padre-hija, es más traumático porque supone la disolución de los vínculos familiares más básicos. Los abusos sexuales se cometen en todas las clases sociales, en todos los ambientes culturales y en todas las razas.

 

Existe un perfil del abusador:


- Es extremadamente protector y celoso del niño o niña.
- Generalmente ha sido víctima de abuso sexual, en un 73%.
- Tienen dificultades en la relación de pareja.
- Pueden abusar de drogas, como el alcohol.
- Frecuentemente están ausentes del hogar.

 

Las consecuencias del abuso sexual:


- En la mayoría de las víctimas, el abuso sexual produce estrés post-traumático, cuyos síntomas característicos son:
- Trastorno del sueño, irritabilidad, dificultad de concentración, miedo, ansiedad, depresión y sentimientos de culpabilidad. En la infancia este cuadro clínico puede presentarse junto con síntomas físicos (dolores de estómago, jaquecas, etc.).
- El abuso sexual produce una sexuación traumática, es decir, que interfiere en el desarrollo normal del niño, el cual adquiere aprendizajes deformados de la importancia y significado de las conductas sexuales, así como concepciones erróneas sobre la sexualidad y la moral sexual.
- En el caso de los abusos dentro de la familia, se produce una pérdida de confianza, que no sólo se centra en el agresor, sino que se generaliza al resto de la familia, por no haber logrado ésta librar a la víctima de estas experiencias, lo que implica la ruptura de los vínculos familiares.
- La estigmatización es sentida por la víctima como culpa, vergüenza, envilecimiento y pérdida de valor, sentimientos que el niño incorpora a su autoimagen.

Hay un sentimiento de indefensión en los niños víctimas, porque creen no saber reaccionar ante las situaciones y no tener control sobre sí mismos y sobre cuanto le sucede. Todo ello crea en la víctima una sensación de impotencia y temor a lo que pueda suceder en el futuro, generándole actitudes pasivas y de retraimiento.

La mayoría de los niños que han sufrido un abuso sexual se muestran afectados por la experiencia y su malestar suele continuar en la edad adulta si no reciben un tratamiento psicológico adecuado.

Sólo un 20-30% de las víctimas permanecen estables emocionalmente tras una agresión sexual. El alcance de las consecuencias va a depender del grado de culpabilización y de la victimización del niño por parte de los padres, así como también de las estrategias de afrontamiento de las que el niño disponga.

En general, las niñas tienden a presentar reacciones ansiosas-depresivas y los niños fracaso escolar y dificultades de socialización.
Respecto a la edad, los niños muy pequeños (en la etapa preescolar) pueden mostrar estrategias de negación y silencio.

En los niños un poco mayores (etapa escolar) son más frecuentes los sentimientos de culpabilidad y de vergüenza ante el suceso. El abuso sexual presenta una especial gravedad en la adolescencia, por existir un riesgo real de embarazo. Entonces, son frecuentes las huidas de casa, el consumo abusivo de alcohol y de otras drogas e, incluso, los intentos de suicidio.

Aurora del Prado - Cita Previa 91 519 19 63